Recibí un comentario sobre la ausencia (todavía) de la fotografía. Bueno, tal parece ser que como muchas otras cosas, me ha abandonado quien sabe si para volver algún día. Eso sí, no puedo dejar de hacer honores a quién no sólo me ayudó a pasar amargos momentos sino que brindó también compañía en días fáciles de llevar por lo feliz que me sentía. Tal parece ser que a ella no le importó que caminara pateando piedras o que quisiera morirme ahí mismo de lo contento. Como muchas otras cosas ella se fue. Y no me queda más de ella el dulce consuelo de los papeles guardados con caras ajenas y conocidas. Los pies cansados de tanto caminar buscando a alguien a quien mirar. A quien llevarme. Eso y muchas cosas más fueron mis fotos.
Les dejo aquí la última foto que saqué. Un día caliente, de esos que llegan a doler los ojos salí a caminar hacia la montaña a encontrar quién sabe qué cosa. A alejarme quién sabe de quién. Me encontré con ese personaje de la toma. No recuerdo su nombre, pero me dejó el momento de mirarlo a él y a sus murallas. Sus neumáticos y sus caballos dibujados en la pared.









